jueves, 9 de febrero de 2012

Cerca de la Periferia


Cerca de la periferia fue mi primer intento de escribir.

Narra la história de diferentes personas en el universo de Battletech (que este año cumple 25 años de história, que se dice rápido) en el contexto histórico del año 3047 en que la humanidad se ha expandido a través de las estrellas y domina miles de mundos.
Estamos en un futuro oscuro y feudalizado dónde cinco casas nobles enfrentadas a muerte se reparten todo el pastel.
Entre todo este lio aparecen las naves de salto inter-planetario y el arma de guerra más mortifera de todos los tiempos: El Battlemech.
El relato está sin acabar pero internaré que cada jueves ir subiendo un capitulillo revisado. Hoy, revisando mi escrito me doy cuenta de muchos errores de narración que he intentado corregir (me temo que con poco éxito) al releeerlo.

Como he dicho se trata de un primer intento sobre un mundo completamente desconocido para la mayoría.
No duidéis en comentar cualquier crítica constructiva si os apetece.

Sin mas dilación os dejo con el capítulo 1, ambientado en el cálido mundo de Hot Springs y en el personaje de un mecánico foragido llamado Jary con un pasado complicado que ha caído en la decadente espiral de las mafias clandestinas.


17 julio del 3048, Coeph, Hot Springs, Mancomunidad Federada.
Nathaniel. Esa palabra había retumbado en su mente esos últimos días. La había oído por primera vez de boca de un comerciante Lirano al referirse a un joven señor de Derf.
Jary no paraba de preguntarse porqué le turbaba tanto la mente una simple palabra tonta cómo esa, la cuál no tenía ninguna clase de significado para él y aun así estaba seguro de haberla oído alguna otra vez, pero no podía recordar dónde ni cuando.
Nathaniel. Quizás tuviera un timbre especial o quizás fuera porque empezaba por la misma letra que el nombre de su madre, Natasha, pero no podía apartarla de su cabeza.
Subió la escalera del parque con dilación y con una idea concreta: ver a la señorita Velaria, hacer la entrega de los componentes que llevaba en su mochila y volver por el mismo sitio por donde había venido sin perder un instante.

La siguiente calle hacía una ligera curvatura y seguía, como era de esperar, subiendo hasta la cima de la colina.
Iba vestido de paisano; ropas de un color tostado, frescas y que cubrían del sol del mediodía. Llevaba una pesada mochila que hacía que su espalda se quejase a cada paso los bamboleantes callejones de Coeph, una de las tres ciudades satélite de Nueva Vera-Cruz.
Hot Springs, como planeta, era básicamente un páramo ventoso y arenoso. Con ese clima no era difícil imaginarse porqué todo el rebozado de calcáreo de las casas estaba por doquier resquebrajado y de ese color a limo marrón claro. Con la primera tormenta de arena cualquier clase de pintura era arrancada por el constante repiqueteo de miles y miles de granitos de arena.
Perdido en sus pensamientos, la mayoría ocupados en esa muchacha de pelo negro y piel oscura que había conocido hacía un par de noches, finalmente llegó a su destino: El altiplano que albergaba la zona industrial.
La puerta del hangar ante el que se detuvo parecía haber tenido en otro tiempo el numero 72 pintado en rojo sobre el metal candente de la puerta a las doce del mediodía. Ésta última tenía unos seis metros y medio de altura pero su grosor no era nada del otro mundo.
Cierto era que resultaba una puerta grande para un simple almacén pero no era la más grande que había visto en su vida e intuía lo que se trapicheaba en su interior.
Lánguidamente localizó el timbre y lo apretó, dando lugar a un corto y desagradable bocinazo.
Recordó entonces, con la espera cociéndose bajo el ardiente sol, esos tiempos en que aún era un crío. Su padre enseñándole las lecciones básicas de balística y los componentes mecánicos de esos mastodontes de acero y fibras sintéticas. Parecía que todo en la memoria tendía a perder los colores cuánto más antiguo era y esos olores antaño imperceptibles ahora cobraban forma.
Sus cabilaciones se interrumpieron a medias cuándo una puerta más pequeña se entreabrió a un laterañ y de ella brotó un ronquido grave que, dedujo, le invitaba a entrar.
Acabó de abrir la puertezuela despacio y de internó en el hangar.
Un hombre royizo con una camisa de obrero y un casco amarillento le daba la espalda y caminaba errático hacia el resto de trabajadores y Jary supuso que era el que había abierto la puerta.
El edificio había vivido tiempos mejores pero seguía siendo magnífico: alto y de planta única con un entramado de vigas que sostenían una cubierta de aluminio. A un lado de la nave industrial había algunos obreros en varias plataformas atareados reparando un ser de metal de siere metros cómo enjaulado; Era un battlemech, el producto de mil años de guerra, Algunos eran capaces de moverse hasta ciento veinte kilómetros por hora y su armamento podía destruir un edificio reforzado en cuestión de segundos.
Le echó un vistazo rápido y, quizás fuera por el sndamiaje o la poca iluminación, pero le pareció que estaba formado por muchas piezas recicladas. Probablemente sonsacadas de varios otros mastodontes caídos o recuperados en algún acto de rapiña. Evidentemente era una actividad ilegal pero eso le importaba poco.
Finalmente dio con las escaleras que llevaban a un pequeño fleet, también metálico, del que parecían ser unas oficinas.
No tenía ningún interés en saber porqué podrían querer en ese lugar un concentrador de potencia de cañón automático medio, pero resultaba evidente que sería para el titán de acero en reparaciones que yacía en el hangar…
Jary no se había dedicado toda la vida a traficar con piezas clandestinamente, hacía no mucho había estado sirviendo a ricos señores en la asistencia y reparaciones de maquinaria de guerra. Sí, era un Tech. Un tech cualificado y despojado de todo cuanto poseía.
Caer en el mundo de las mafias era un retroceso importante, aunque su diplomatura fuera en una escuela no muy conocida y en la que había entrado por los pelos y casi porqué el director simpatizaba con su padre, pues eran viejos amigos, pero cuando uno huía de su mundo por ser hijo de un hombre injustamente tratado de traidor ya no le quedaba ningún tipo de dignidad ni de lealtad. Las piezas daban dinero y el dinero permitía, al menos, malvivir.
- Vengo a ver a la señorita Velaria – dijo Jary en tono jovial y apartando sus murmullos internos. Se dedicó enteramente al trabajo que tenía que hacer.
Una chica vestida al estilo oriental y con un suave perfume de rosas esbozó una sonrisa y se movió de su asiento para atravesar instantes después una puerta de madera coglomerada. O no tenía mucho qué hacer o bien estaba haciendo algo que no quería que Jary viera.
Al quedarse solo renovó el hilo de sus cabilaciones llegando al día en el qué la milicia entró en casa de sus padres. Él estaba ausente, preparando el armamento de un Panther para unas maniobras.
No quedó nada de su antiguo hogar. Sus progenitores fueron llevados a la horca por orden de alguien importante ese mismo día y cuándo Jary se enteró gracias a la llamada de un amigo, ya era demasiado tarde. No tenía tiempo de indagar en el asunto, de todas formas si lo intentaba acabaría colgado. Lo estarían buscando también a él creyendo que debía saber algo qué no sabía. Sólo le quedaba esfumarse tan rápido como pudiera. Podía haber hecho muchas cosas en vez de irse. Muchas noches pasó en vela sentado en el baño y mirándose al espejo con las lagrimas a punto de saltarle de los ojos y maldiciendo a la diosa fortuna una y mil veces.
- Ah! Señor Mathews – dijo una voz femenina interrumpiendo sus pensamientos. – veo que trae lo que acordamos.
- Siempre a tiempo – contestó alegremente.
- Ya veo, ¿entonces te han informado de lo que has venido a traer? –
- Piezas. A juzgar por el peso y el tintineo, de metal. – sonrió para ocultar la mentira de saber exactamente lo que estaba transportando, de hecho él mismo lo había robado a la unidad mercenaria de los Diablos Serrados. No les haría ninguna gracia la próxima vez qué fueran a disparar ese precioso cañón Norse-Storm M-7D y se quedara sin potencia.
- Venga, sea imaginativo señor Mathews – inquirió Velaria con el tono de de voz de una colegiala y una mirada cargada de sensualidad reforzado poe el hecho de que su vestido de seda azul marino con trenzado de justillo en un tono ambarino daba demasiada rienda suelta a la imaginación.
- Creo que no me pagan por pensar – concluyó borrando todo júbilo de su expresión. Quizás el antiguo Jary sí le habría seguido el juego de miradas pero el nuevo “señor Mathews” era otro tipo de persona.
La mujer resopló como contrariada – Estos carteros de Shanan cada vez són más aburridos. Me gustas Mathews y creo que yo también te gusto, lo he notado la primera vez que me has mirado… -
– Señora, no pretendo ser grosero pero tenemos un acuerdo comercial que zanjar si me permite. Shanan no aceptará que llegue tarde con el dinero, podría pensar que me he escapado con él y eso sería terrible. Si le gusto entero mejor hagamos esto rápido. Yo también tengo en mucha estima todas las partes de mi cuerpo -
- Shanan es un patético mandril de costumbres sádicas – La mujer hizo un ademán con sumo aburrimiento y se apoyó en una estantería. – Mei Xi, dale al señor Mathews su dinero. No entretendremos a ningún cordero quejumbroso.
Jary descargó la mochila en el suelo para que las mujeres examinaran la enorme pieza y a cambio recibió un sobre lleno de billetes con la estampa de la comunidad de la Lira.
- Omitiré su comentario cuándo Shanan me pregunte cómo ha ido la entrega si le parece apropiado – dijo mientras contaba el dinero. Al acabar suspiró y añadió – ¿sólo diez mil? -
- ¿Quedamos en eso verdad? -
- Creo recordar que eran diez-y-siete mil -
- ¿Me tachas de intentar estafarte? – La mirada de la mujer ahora era gélida.
Jary no pudo contenerse - En el mercado negro una pieza cómo esta no bajaría de los veinte-mil, eso contando que la pudiera encontrar en tan buen estado y sin el resto del Norse-Storm M-7D, en definitiva, es una ganga, no haga las cosas difíciles para todos –

- Vaya, parece que el señor Mathews sí sabe lo que se maneja – añadió Velaria con voz burlona - Págale los cinco-mil restantes, Mei Xi.-
- Siete-mil – añadió Jary.
- Seis-mil – regateó la mujer.
Jary asintió, no era bueno crearse enemigos y había ganado mil más de lo que había calculado.
Velaria esbozó una sonrisa - Espero que nos volvamos a ver pronto señor Mathews –
Así concluyó la conversación. La mujer se fue, Jary obtuvo el dinero y volvió a paso apresurado, ésta vez sin mochila, maldiciéndose internamente por haber dado demasiados detalles del equipo que transportaba cuándo había negado saber lo qué era en primera instancia.
Debería aprender a controlarse para futuras ocasiones pero, aun así, había sacado un buen precio.

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